Pitágoras no dejó obra
escrita, y hasta tal punto es imposible distinguir las ideas del maestro de las
de los discípulos que sólo puede exponerse el pensamiento de la escuela de
Pitágoras. De hecho, externamente el pitagorismo más parece una religión
mistérica (como el orfismo) que una escuela filosófica; en tal sentido fue un
estilo de vida inspirado en un ideal ascético y basado en la comunidad de
bienes, cuyo principal objetivo era la purificación ritual (catarsis) de sus
miembros.
Sin embargo, tal purificación
(y ésta es su principal singularidad respecto a los cultos mistéricos) se
llevaba a cabo a través del cultivo de un saber en el que la música y las
matemáticas desempeñaban un papel importante. El camino hacia ese saber era la
filosofía, término que, según la tradición, Pitágoras fue el primero en emplear
en su sentido literal de «amor a la sabiduría»; cuando el tirano Leontes le
preguntó si era un sabio, Pitágoras le respondió cortésmente que era «un
filósofo», es decir, un amante del saber.
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